| La Anchoa |
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En el Cantábrico, la anchoa se pesca en los meses de primavera. En esas fechas, los bancos de pesca se aproximan a la costa con el fin de completar su ciclo reproductor, que viene determinado por la temperatura de las aguas. La anchoa deposita sus huevas en las proximidades de los estuarios, donde las larvas se confunden fácilmente con el placton en sus primeros dÃas de vida. Esta aproximación a la costa es lo que ha dado lugar históricamente al fenómeno de las costera La anchoa es una especie pelágica (vive entre dos aguas, a profundidades cambiantes), gregaria (bancos de pesca) y de corta vida (puede vivir entre tres y cuatro años). Una de sus caracterÃsticas más sobresalientes es que se encuentra en el primer lugar en la cadena trófica: ella sólo come placton pero, a su vez, es devorada por otras especies mayores. Su enorme boca, que en determinadas le ha proporcionado el nombre de 'bocarte' cuando se consume en fresco, se debe precisamente a su alimentación con placton. Como tantos otros pescados, la anchoa se ha conservado desde antiguo en salazón. Esto implicaba que, antes de su consumo, era preciso un cierto tratamiento de la pesca. A finales del siglo XIX, sin embargo, un conservero italiano afincado en santoña (Cantabria), que respondÃa al nombre de Giovanni Vella, se dedicó a la búsqueda de un soporte que permitiera la conservación de la anchoa después de su fileteado. El resultado fue el filete de anchoa en aceite de oliva, que es el procedimiento más extendido en la actualidad para su consumo. La anchoa se pesca con redes de cerco. Los barcos identifican los bancos de pesca o cardúmenes y, a continuación, proceden a rodearlos desde la superficie, dejando caer al mar los paños de pesca en tanto giran la embarcación en redondo, describiendo un ángulo de 360 grados. Cuando el 'cerco' se ha completado, la malla se cierra por debajo e impide a la pesca escapar. Esta va extrayéndose de la red de cerco mediante un enorme redeño llamado zalabardo. La anchoa se sube a bordo viva. Este sistema de pesca es muy selectivo y muy respetuoso desde el punto de vista medioambiental. A partir de finales del siglo XIX y principios del XX, la elaboración de filete de anchoa y anchoa en salazón acaparó la mayor parte de la actividad conservera en los puertos del Cantábrico, en detrimento de otras actividades como el escabeche de besugo o chicharro. Aparecieron numerosas fábricas, en muchos casos por iniciativa de salazoneros italianos llegados a España en esas fechas. En Santoña, por ejemplo, abundan aún los apellidos italianos, más de un siglo después. Cefalú, Oliveri, Brambilla, Orlando, Lococo, Sanfilippo, Nabone, Vella... son algunos de ellos. Los años sesenta fueron aquellos en los que se alcanzó un mayor volumen de capturas. En 1960, por ejemplo, se desembarcaron en los puertos del Cantábrico 80 millones de kilos. Cinco años más tarde se alcanzaron los 85 millones de kilos. En una sola jornada, el 5 de abril de 1960, se subastaron sólo en el puerto de Santoña la cifra de un millón y medio de kilos. Constituye el récord del mundo en un dÃa y desde entonces ha permanecido vigente. La anchoa pasa en los últimos años por serias dificultades. Las estimaciones de los cientÃficos sitúan en 24 millones de kilos la cantidad de anchoa existente en el Mar Cantábrico en la actualidad. Estos mismos estudios la biomasa de precaución en 33 millones de kilos y la biomasa lÃmite (aquella por debajo de la cual no podrÃa garantizarse la supervivencia de la especia) en 19 millones de kilos. La región conservera de la anchoa por excelencia es Cantabria, cuya actividad se concentra principalmente en los alrededores de los puertos de la zona oriental de la Comunidad Autónoma. Su inicio surge a finales del siglo XIX de la mano de artesanos venidos de Italia a la búsqueda de este pez que escaseaba en sus aguas. Posteriormente este proceso se intensificó con la llegada de más italianos tras la II Guerra Mundial. Fueron ellos los que enseñaron a los cántabros las técnicas de salazón y conserva de la anchoa, lo que ha hecho que hoy en dÃa poblaciones como Santoña tengan la mayor concentración de industrias de semiconserva del paÃs. La elaboración de los filetes de anchoa para su posterior conservación en lata es una delicada y esmerada labor artesanal. Una vez recibido el boquerón en la conservera, comienza el largo proceso de elaboración que se inicia con el salado y posterior prensado de este exquisito bocado. Una vez efectuado el prensado es preciso dejar reposar las anchoas cuatro o cinco meses a una temperatura que oscila entre los 18 y 25 grados, hasta que toman el color rojizo y el aroma apropiados. Pasado este tiempo, se cortan las anchoas y se procede a la fase de secado, que se consigue mediante un centrifugado que extrae el máximo salitre para que su espacio lo ocupe la mayor cantidad de aceite posible. El siguiente paso es el empaque, que consiste en abrir las anchoas y retirar a mano la espina central, convirtiendo cada una de ellas en dos filetes. Tras recortar flecos y acometer una última limpieza, las anchoas se envasan y quedan listas para su posterior aceitado, cierre, estuchado y retractilado. Es importante recordar que los filetes de anchoa son una semi-conserva que, a diferencia de otras conservas, no se ven sometidos al proceso de esterilización porque el calor los inutilizarÃa. Es necesario almacenar las latas en lugares muy frescos o en la nevera, entre 5 y 15 grados y consumirlas en un periodo no superior a los 8 meses desde su fecha de fabricación.
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