El Mule Carajonero

Cosecha 2010 Viña La Vida
Escrito por Mule   
Viernes, 19 de Noviembre de 2010 20:03

Un mes después de su vendimia, la segunda cosecha que saldrá al mercado de “Viña La Vida”, disfruta de todas las atenciones con las que Araceli Bustamante y Miguel Ángel Aja miman a un caldo que ya se ha convertido en el icono líquido de Laredo. A la espera de su embotellado, allá por primavera, las catas del mosto en bodega despejan cualquier temor: la calidad del 2010 igualará, si no supera, a la ya exitosa del pasado año. Gratísima noticia que, sin embargo, no desborda la copa de euforia en unos emprendedores agradecidos a la hostelería local y a los propios consumidores de Laredo y Liendo por el recibimiento dispensado a su criatura.

El 9 de octubre, en pleno Puente del Pilar, la hectárea que se eleva en un rincón privilegiado de la Sierra de la Vida volvió a llenarse de alegría y buen humor con la presencia de más de cuarenta temporeros reclutados entre cofrades del Respigo y sus consortes. Con Manuela y Dioni “La Cañí” al cargo del avituallamiento, la jornada de recolección se desenvolvió como estaba previsto: con inflación de risas, déficit de estrés y precisión suiza en el cortado y traslado de los racimos hasta la bodega para su prensado.

Quién iba a decir a los pejinos que la voz “a las diez, con tijera” se iba a escuchar referida a un destino distinto al de las conserveras de anchoa. En este caso, tan versátil herramienta fue la aliada perfecta para quienes doblaban el espinazo a pie de las 3.500 cepas de albariño y 500 de rieslin destinadas a alumbrar un vino que no ha podido empezar con mejor pie. Los expertos catadores se deshicieron en elogios en su pase de presentación, en el Hotel Bahía, junto al resto de producciones de las dos denominaciones geográficas cántabras: Tierra de la Costa de Cantabria, y Tierra de Liébana. Allí fueron varios los distribuidores que quisieron copar las 4.000 botellas de esta primera puesta de largo. Pero dicha oferta no entraba en los planes de un matrimonio que apostaba por el mercado local como lugar preferente para despachar sus botellas. Decisión que el tiempo ha confirmado como acertada. A fecha de hoy, apenas queda algún centenar pendiente de su venta, y se prevé agotar las existencias coincidiendo  con las Navidades.

Quienes opten por regar sus últimas cenas del año con este vino habrán de saber, además, que se están llevando una “propina” en forma de centilitros adicionales a los 75 que pregona la etiqueta. Un “defecto” de los envases que se ha traducido en pequeño obsequio para quienes han degustado este albariño del que destacan sus aromas y sabores frutales. Dos cualidades que este año se verán potenciadas gracias a las diez horas de maceración en que se han mantenido las uvas de albariño una  vez “despalilladas” y antes de ser prensadas. Pequeñas innovaciones de una bodega que, aunque familiar, también tiene su departamento de I+D, en el que Araceli, la enóloga de la finca, cuenta con la complicidad de la enóloga de prestigio, la cántabra Victoria Mirones Cayón, adscrita a Bodegas Aalto, de Ribera del Duero.

Sus consejos y aportaciones han permitido, por ejemplo, que este año las mismas cepas hayan deparado una cosecha de 6.000 kg, esto es, 2.000 kg más que el año pasado. ¿La razón? Se ha corregido una poda realizada hace cuatro años y que el tiempo reveló como poco oportuna. Asimismo, les ha asesorado a la hora de disponer las nuevas 500 cepas de albariño, que, cuando estén a pleno rendimiento, cambiarán un poco la actual proporción entre el 85% y el 15% que mantiene el primero sobre la variedad rieslin.

Para dicha ampliación se han eliminado los arándanos que existían en la finca desde que, en el año 2000, entraran a formar parte de  un Plan Proder de desarrollo agrario de la mano de la Consejería de Agricultura. El terreno también es soberbio para dicho fruto, pero la ubicación de la plantación, al sur de los viñedos, y su distinta estacionalidad con respecto a la uva, provocaba que la fumigación de las vides coincidiera con el momento de madurez de los arándanos, haciendo inviable su recogida, deparando un opíparo festín para los pájaros.

Otra de las novedades de la vendimia 2010 llegó en los tiempos marcados para la recogida. Con una colecta previa, de tipo familiar, el 2 de octubre, en la que se recolectaron 500 kg de la variedad rieslin que ya había madurado para entonces; y la cosecha central del  9 de octubre. Además, a diferencia del año anterior, la mayor experiencia permitió simultanear recogida y prensado de la uva, lo que acortó a una jornada el trabajo pendiente. Aunque los últimos en retirarse, Araceli, Vctoria y Miguel Ángel lo hicieron allá por las tres de la madrugada. Para entonces su cara de satisfacción era evidente: las mediciones de gradación del mosto habían deparado 12,8%, una décima más que en el año 2009. Lo que daba fe de lo bien que ha madurado la uva. Y lo que augura la reedición de un éxito que durante este año ha sido motivo de continuas felicitaciones.

Mientras ahora las hojas confieren al viñedo un espectacular toque amarillo otoñal, en vivo contraste con el verdor de los prados de su entorno, la actividad no se detiene en este “Falcon Crest” pejino-liendense (“raíces en Laredo y frutos en Liendo” es su lema). Sus mentores ultiman la puesta a punto para esta primavera del área de degustación del vino y demás productos cántabros. Una tentación que hará aún más atractiva la visita a un paraje al que aún son pocos los laredanos que se asoman y de donde salen siempre con la misma sensación de sorpresa y encanto que merece la pena un brindis. Ya lo saben: como vino de cabecera, en sus celebraciones más entrañables, apueste sobre seguro. “Viña la Vida” sabrá corresponder su confianza. De pura cepa pejina.

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Mule Carajonero

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