El Mule Carajonero

Agotada la cosecha del 2009
Escrito por Mule   
Jueves, 10 de Febrero de 2011 19:58

Hace una semana que Miguel Ãngel Marsella, su distribuidor oficial, despachó las dos últimas cajas de Viña La Vida que quedaban en su almacén. A su  tocayo y bodeguero Miguel Ãngel Aja, las existencias ya se le habían agotado meses atrás. Conclusión: las cuatro mil botellas de la cosecha del 2009 de este fabuloso albariño pejino se han logrado vender en tiempo récord. Y Aja y su mujer, Araceli Bustamante, se muestran encantados y, sobre todo, agradecidos.

“Queremos aprovechar la oportunidad que nos brindáis para agradecer al pueblo de Laredo en general, y en particular a la hostelería, por facilitarnos la comercialización del vino y haber podido vender aquí las 4.000 botellas, entre Laredo y Liendoâ€. Lejos queda aquella presentación de junio en el hotel Bahía, donde un distribuidor quiso copar la producción en puja con El Corte Inglés, que también quería sacar tajada de un caldo que los expertos calificaron de soberbio.

Pero los bodegueros afincados en la Sierra de la Vida, a caballo entre Laredo y Liendo, decidieron sostener su apuesta por ser profetas en su tierra. Y vaya si acertaron. Los restaurantes emborronaron de mil amores sus elegantes cartas para hacer un hueco al recién llegado. Un ansiado vino con el que poder brindar a los clientes un fresco trago del país: de Laredo –o de Liendo- sin ir más lejos.

Lo más sorprendente, con todo, es que pese a su elevado precio en consonancia al de los albariños, ha sido considerable el tirón de su venta al mostrador. Y es que a 1,60 o 1,80 el vaso, no es frecuente que sea materia de alterne para los habituales chiquiteros. Pero esta fauna en vías de extinción contiene ejemplares a los que les priva alardear de pejinos por los cuatro costados. Y hoy sus rondas incluyen al menos una vez el repaso a las botellas de este blanco cuyo estreno no ha podido ser más exitoso.

Los más impacientes deberán aguardar hasta el mes de abril para que se lleve a cabo el embotellado de la cosecha del 2010. Seis mil botellas que elevarán la dificultad del reto de agotar la producción sin salirse del término municipal de Laredo. Aunque razones hay para ser moderadamente optimistas. En primer lugar, porque el año pasado el vino pilló de improviso a los restauradores, que ya se habían aprovisionado convenientemente para la campaña y que, no obstante, tuvieron la cintura suficiente como para hacer un hueco al que acabaron convirtiendo en ojito derecho de cada casa.

El otro motivo que invita a la sonrisa son las catas que la enóloga Victoria Mirones viene realizando en el seguimiento de un vino que fue cosechado en el puente del Pilar. Esta vez apostaron por la maceración del caldo –mantenerlo mezclado con la piel antes del prensado- y el resultado es espectacular: el vino ha ganado en sabor y en aromas.  Y sus compañeros de profesión se relamen. Con lo que el sueño de Araceli y Miguel Ãngel de tener su propia bodega, no sólo ha brotado con firmeza, sino que encima, dadas las condiciones de orientación y riqueza del suelo en que se asienta, han deparado un vino de esos que dejan huella.

 

Mule Carajonero

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