Petra Agüero

     Volver al menu principal  

Un paseo por el tiempo : la memoria en la pintura

J. R. Saiz Viadero

 

Muchos son los novelistas que han creado sus ficciones obsesionados con la pérdida de la visión (Pérez Galdós, Buero Vallejo...) y algunos los escritores que en nuestra tierra perdieron la vista en plena fase de creatividad (Galdós, Concha Espina, Jesús Cancio, Buenaventura Rodríguez Parets...) pero es mucho más difícil hacerse a la idea de un pintor al que se le escamotee la luz de sus ojos capaz de trasladar las imágenes contenidas en el celuloide de su retina a la pantalla de su lienzo. Alvear, que padecía sordera desde su juventud, era gran amante de la música y se consideraba buen crítico musical: "soy un sordo de buen oído", solía decir, con la misma picardía que el nonagenario Bruno Alonso utilizaba para recalcar su "mala salud de hierro". Los escritores antes citados se hicieron acompañar por amanuenses que sustituían la mano del propio autor, sometiéndoles al imperio de su dictado.

La luz buscada es fundamental para el pintor, de tal manera que algunos escritores, como es el caso de Ernesto Sábato, abandonaron la escritura para volcarse en la pintura, aun cuando ésta fuera minimalista. Gerardo de Alvear quiso preconizar esa necesidad de luminosidad para todo pintor y ya que el albur le había conducido a casarse con una mujer llamada Aurora, puso de nombre a su hija el de Luz, pintora a su vez de fuertes tonos y coloridos.

Copyright © 2004 Sauron