| Guipuzcoa Getaria Elkano |
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Hemos comido...en este legendario restaurante de Guetaria. Comenzamos por unas cuantas variaciones sobre la ensalada de oyocantaro, marisco para el que tiene sus propios criaderos, y que en aguas del Cantábrico crece de carnes duras, consistentes y de concentrado sabor. A continuación nos presentó sus cocochas a la brasa que resultan ser sorprendentes, con su caracterÃstica textura gelatinosa. Continuamos con unas grandes almejas blancas, de frescor incomparable, que también tuvieron un breve paso por las brasas, lo justo para abrirse, casi crudas, jugosas, sabrosas puede decirse que las mejores que he probado. Sin más preámbulo pasamos ante un rodaballo de los de verdad, de cerca de dos Kg. de peso, magistralmente preparado sobre el calor de las brasas. Nos explicaron que del rodaballo ha de comerse la carne junto con su piel, primero la parte de piel oscura, que aporta a la jugosa y tersa carne su textura crujiente. Luego la parte de piel clara, que resulta más grasa. En tercer lugar, la parte de los contornos exteriores, sobre las espinas de las aletas, la más sabrosa, que se separa de éstas en una especie de pequeños gajos de intenso sabor, y por último las "carrilleras", un bocado sorprendente. Hasta bien recientemente habÃa unas cuantas especialidades para configurar el menú ideal en este legendario restaurante, que en el 2004 ha cumplido cuarenta años de existencia, de histórica andadura. Siempre procedÃa solicitar el rodaballo a la brasa, de talla mundial, que no hay quien supere en regularidad. Nada ha cambiado: se impone tan romboidal pez siempre, siempre que esté en su perfecta sazón, o, si le supera el lenguado, una pieza del mismo, que también a la parrilla merece tÃtulo universal. Y para completar el menú, tenÃamos y tenemos la langosta del Cantábrico hecha herméticamente en su caparazón al aroma de carbón, los dulces y bravÃos chipironcitos a lo Pelayo (encebollados con un toque de pimiento verde), las delicadas y escurridizas kokotxas rebozadas y el nÃtido y carnoso salpicón de bogavante. Todo ello sigue igual de perfecto que siempre, o más, pues en un mundo de evidente decadencia de la materia prima, este establecimiento sigue empeñado en la excelsitud y consigue piezas cada vez más excepcionales, lo que aún acentúa su mérito. Sin embargo, Pedro Arregui, que allá por 1968 rompió moldes echando por primera vez a la parrilla un cogote de merluza, no se siente conforme ni con su virtuosismo ni con sus aportaciones. Y si a finales de los noventa optó por abrir al calor de las ascuas unas descomunales almejas, de lo que no existÃan precedentes, impregnándolas levemente de ese aroma rústico, en el 2003, en plena “revolución de la hogueraâ€, ha experimentado con dos manjares arcangélicos, las kokotxas y los chipirones, que suponen enriquecer la carta de tan primario e infinito proceder, ahora sujeto a modificaciones conceptuales y técnicas, a la reducción de las cocciones y al ingenio de nuevos instrumentos que posibiliten el asado. Las tres exquisiteces ofrecen sensaciones palatales y táctiles diferentes que suman y suman y suman al patrimonio gastronómico entre exclamaciones sibarÃticas incontenibles y exageradas de quien las disfruta. No se complique usted la vida: si se circunscribe al guión descrito, si asume que ésta es una mesa en la que la jugada no se deja a la voluntad ajena, que está preestablecida y asegurada de antemano, podrá darse un festÃn que tardará años en olvidar. Y el banquete exige un brindis en consonancia, la bodega es un lujo con precios irrisorios que incitan a la papalina. En fin, una parrilla exclusiva, para gourmets. Lo mejor de la Gastronomia ![]()
![]() Calle Herrerieta, 2 0808 Getaria 943140614
Marcos Morán refrenda el estilo inaugurado en 2007 y desarrollado en 2008. Propuestas sustentadas en productos 10, por lo general marinos, capÃtulo en el que da lo mejor de sÃ. Mariscos y pescados a los que se aplican cocciones harto precisas, siempre cortas, llamadas a magnificar las cualidades intrÃnsecas de los manjares en escena. Alterna propuestas minimalistas grandiosas, con platos más recargados, si bien en su justa medida. Como es norma, juega con los frutos secos, los aromas de madera, las algas, la coctelerÃa... sabe impregnar de carácter la gran cocina de vanguardia. Lo mejor de la Gastronomia |
Comentarios
El restaurante está en el centro del pueblo, a pie de carretera. La familia que lo regenta tiene otro restaurante en la zona del puerto, el Kaia, cuya especialidad es la impresionante vista de la bahÃa y el amarradero pesquero desde su simpar galerÃa.
La comida es muy buena también allÃ, básicamente comparten escuela, pero si la finalidad de la visita es exclusivamente gastronómica, hay que ir a visitar a Aitor en el Elkano.
Aitor es un joven restaurador, digno heredero de su padre, Pedro, que busca afanosamente sacar con la mÃnima intervención el máximo partido de la mejor materia prima de la cornisa cantábrica.
Solamente lo mejor de la lonja va a parar a sus parrillas. Es un especialista de las brasas, en las que es un maestro en sacarle jugo a las distintas maderas y carbones, y destacar de cada pescado sus sabores y aromas más auténticos. No esperéis platos elaborados, ni salsas, no encontrareis nada que encubra el original encanto de los frutos del mar.
Son memorables sus kokotxas, tanto las ya clásicas fritas rebozadas, como su novedosa aportación a la cocina de brasas.
Según temporada y como haya ido la pesca podréis encontrar en sus recomendaciones (no pidáis la carta, preguntad y dejaos aconsejar por Aitor) desde el humilde chicharro (jurel) o las anchoas hasta el fastuoso rodaballo, pasando por los sorprendentes chipirones de anzuelo, el bonito, las almejas, ostras, besugo, rape, lubina, bogavante, txangurro... y cualquier sorpresa que el dÃa pueda traer.
Siempre quedará en mi memoria la lección magistral impartida por Aitor sobre los diferentes sabores y texturas de las diferentes partes del rodaballo:
Acompañado en esa ocasión por Manu, un amigo navarro que regenta en San Sebastián un comercio de vinos, encontramos a Aitor un raro dÃa bastante desocupado en sus fogones, y quiso hacernos partÃcipes de su "taller creativo", en la terraza, con el ruido de fondo del oleaje y el crepitar de las brasas al lado.
Comenzamos por unas cuantas variaciones sobre la ensalada de bogavante, marisco para el que tiene sus propios criaderos, y que en las frÃas aguas del Cantábrico crece de carnes duras, consistentes y de concentrado sabor. Disfrutamos de sus experimentos con diversidad de acompañamientos , texturas de ensaldadas, aromas y sabores de aceites y vinagres.
A continuación nos presentó sus innovadoras kokotxas a la brasa, a las que habÃa creado una ingeniosa parrilla para colocarlas sobre el fuego. Estas resultan ser sorprendentes. Llegan enteras a la boca, con su caracterÃstica textura gelatinosa, y al presionarlas entre la lengua y el paladar estallan en un festival de sabor marino, agradabilÃsimam ente persistente.
Continuamos con unas grandes almejas blancas, de frescor incomparable, que también tuvieron un breve paso por las brasas, lo justo para abrirse, pasando entonces directamente y sin ningún aditamento al plato. Casi crudas, jugosas, sabrosas, y con el único añadido del sutil aroma ahumado. Para terminar el entrante, unas hermosas anchoas cuya salazón y aliñado habÃa realizado Pedro.
Sin más preámbulo pasamos a extasiarnos ante un rodaballo de los que no se ven todos los dÃas: uno de los de verdad, de cerca de dos Kg. de peso, mimado sobre el calor de las brasas de haya. Aitor nos explicó que del rodaballo ha de comerse la carne junto con su piel: primero la parte de piel oscura, que aporta a la jugosa y tersa carne su textura crujiente y su sabrosura. Luego la parte de piel clara, que resulta más grasa, densa, envolvente y persistente, más sutil y delicada. En tercer lugar, la parte de los contornos exteriores, sobre las espinas de las aletas, la más sabrosa, que se separa de éstas en una especie de pequeños gajos tersos y gelatinosos, de intenso sabor. Y por último las "carrilleras", un bocado sorprendente.
Todo este festÃn fue regado oportunamente:
Escogimos en primer lugar un riojano Marqués de Riscal blanco Sauvignon blanc, fresco, ligero, muy afrutado, con su inconfundible aroma a melocotón, para continuar, de la misma bodega, con un excelente Limousin de tres años criado en barrica, de un amarillo dorado viejo, fresco, sabroso, untuoso, potente, que casaba a la perfección sus aromas de madera con las ligeras notas de humo del pescado.
El restaurante tiene una amplia bodega, capaz de satisfacer al paladar más experimentado. Destacan, lógicamente, sus vinos blancos, cavas y champagnes. Después de este festival, probamos el helado de queso, marca de la casa, y tomamos el café con tranquilidad con la brisa marina en la cara. En resumen, una experiencia francamente inolvidable, y sin duda altamente recomendable.
A este restaurante siempre hay que volver para revivir sensaciones únicas. Como la que brinda el rodaballo, insuperable, hasta el punto de que cabe preguntarse cuántos mejores se pueden comer en este mundo. Si se va en grupo, hay que demandar una pieza grande y comprobar la diversidad táctil y sápida que ofrecen los dos lados del pescado, el izquierdo, el oscuro, y el derecho, el claro. Y chupar sin ninguna vergüenza, con verdadera fruición, la corona de espinas que rodea al pez; es la zona más sabrosa, que acapara mayor gelatinosidad.
Si por avatares de la vida ese dÃa no hay rodaballo, el lenguado es majestuoso, asándose como el primero sobre la brasa, en pieza entera, que sale levemente impregnada de tan encantadores aromas rústicos. Antes, unos estivales chipirones a las ascuas, que salen tersos, consistentes, carnosos, con un sabor dulce y a la vez bravÃo, manjarosos. Otro timbre de gloria, también sin parangón terrenal, las kokotxas a la parrilla, que cambian sustancialmente de las rebozadas, comparación que resulta reveladora y constituye una gratÃsima obligación; por tanto unas y otras. Y para empezar, unas descomunales almejas, dispuestas sobre el carbón de encina, donde tan solo se calientan para potenciar sus cualidades intrÃnsecas. Colosales.
Perretxikos o sisas y hongos a la parrilla, chipirones encebollados con un toque de pimiento verde (a lo Pelayo) y la sublime langosta a la brasa, única en su género: excelsa de sabor, textura y jugosidad. Como colosal está el cremoso y puro helado de queso.