| Cantabria Somo Melly |
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Hemos Comido...en Somo, en Melly como siempre nos ha sorprendido con algo en esta ocasion el vino, las cocochas y el insuperable tocino de cielo. Abril 2012. Comimos con un vino que nos eligió Melly, Juan Gil 2010, esta es una bodega familiar con cerca de 100 años de historia ubicada en la zona de mayor altitud de Jumilla (700 metros). Las uvas de Monastrell (variedad autóctona de la zona) que han dado lugar a este vino proceden de viñedos propios. Vino de color cereza intenso. Aroma potente y complejo. Aromas de fruta madura y notas de barrica. En boca es equilibrado, bien estructurado, frutoso, sabroso, alegre, potente y largo. La carta en esta ocasión como es habitual en Melly te la va contando Juan, puedes preguntar lo que quieras, el origen de las viandas, el precio, la calidad de las mismas, etc. Juan siempre esta dispuesto a darte las explicaciones que hagan falta. En esta ocasión mi acompañante tomo unos bocartes rebozados, recién salidos de la mar rebozados en su punto bien jugosos, tomo media ración. De primero yo tome marmita de salmon, muy bien preparada, suave, con mucha verdura picada, se notaba el pimiento y el tomate, y un buen sabor a salmon, no excesivo, delicioso y una ración muy generosa. De segundo mi acompañante se acordó de los pimientos que hacen en este lugar, unos pimientos verdes rellenos, de entrada el pimiento es natural, no viene de un bote que por muy buenos que sean se nota y luego el relleno, un relleno de bacalao y bechamel donde se pueden notar los trozos de este pescado, como debe de ser. Un pimiento relleno, nada de un puré indefinido con sabor a X. Otra especialidad de la casa muy recomendable. Y yo de segundo tome cocochas, unas cocochas en salsa verde de una calidad superior, y con una salsa verde que parecía pil pil de lo bien ligada que estaba y debido en gran parte a la gelatina resultado de la frescura de las cocochas, superiores las cocochas, y la salsa verde nunca había probado otra que se le acercara mínimamente. De postre un tocino de cielo, riquísimo, es uno de mis mayores vicios. En resumen una velada perfecta en todos los aspectos
Hemos Comido...en Somo, en Melly a comprobar a que saben los Calçots, el restaurante celebra todos los años por estas fechas estas jornadas tan atípicas en nuestra comunidad, a mi me han gustado mucho, con salsa romesco y ali oli.
Febrero 2012. Como anticipaba en la cabecera del post, todos los años por esta época Melly hace unas jornadas en torno a los Calçots. Los trae directamente de Valls, patria de estos y los hace no a la manera 100% tradicional de esta localidad, pero si muy similar. Entre otras razones por que sería un poco incómodo hacer una hoguera en el restaurante. Como siempre que me acerco a Melly hay un rato de cháchara, de hecho si no lo hubiera lo echadía en falta, pues Juán Angulo tiene una conversación de lo más amena. Es un gran entendido del mundo de la cocina y un gran sumiller, preocupado por el origen de las cosas y todo lo que ronda en torno a las mismas. De entrada nos tenía preparado un vino de Priorato, este fin de semana me tocó conocer un poco más los vinos de esta región española. El vino en concreto: Salmos, un vino de Bodegas Torres, que nos guió por toda la comida con gran acierto. Este vino es un homenaje a los monjes de la valerosa orden cartuja, que en el año 1095 llegaron al Priorato donde cultivaron la vid. En 1835 una multitud violenta destruyó el trabajo de la orden y saqueó la cartuja, sucesos que más tarde culminarían con la "Desamortización de Mendizábal". En el año 1996 la familia Torres inició la plantación de viñedos en laderas de pizarra, la pizarra se sitúa sobre terrenos pobres y poco fértiles que contribuyen a un menor vigor de las cepas y ello se traduce en cosechas de reducida cantidad pero de alta calidad, tiene la propiedad de actuar como reguladora de la temperatura, absorbiendo calor durante el día y expulsándolo durante la noche. Comenzamos con un aperitivo de sardina rebozada, increíblemente bueno, nunca había probado la sardina rebozada, siempre asada, a la cazuela o en lata, pero en esta ocasión el resultado del rebozado de la sardina fue exquisito, la sardina limpia y sabrosísima, (era de buen tamaño), me dejó perplejo. Y comenzamos comiendo los calçots, "mirando al cielo" y con babero como se toman en Valls. La textura es similar a un puerro, pero el sabor tiene una gran semejanza con la cebolla. Me gustaron mucho y las dos salsas que le acompañaban también, un suave ali oli tan típico de la zona mediterránea española y de la salsa típica de los calçots: romesco. Se sirven de la manera tradicional encima de una teja y las salsa también el los recipientes típicos para tal efecto, traídos para la ocasión de la zona de Valls. De segundo mi acompañante tomó, bocartes rebozados una trecena de hecho, perfectamente de punto, jugosísimos y enorme ración. Los probé, merecen la pena. Yo tomé chuleta de segundo. Una enorme chuleta perfecta de punto y acompañada de unas buenas patatas fritas y unos ricos pimientos. No tomamos postre ninguno, no había donde meterlo. En resumen, cada vez que aparezco por este lugar algo me sorprende, unas veces más y otras menos, pero siempre algo. Sé que en breve voy a volver.
Hemos Comido...en Somo, en un lugar que se podria definir como atípico. La historia de este establecimiento empieza hace 23 años, aunque realmente sus primeros pasos fueron como heladería, creciendo después como vinoteca y desde hace unos cuantos años también como restaurante. Tres en uno.
Si al principio definía el local como atípico, Juan Angulo (Melly) es la atípica cabeza visible del local; alguien con quien pasar una larga velada hablando en torno a sus grandes pasiones: la gastonomía, los vinos y la poesía. En mi primera incursión en este local nos sentamos delante de una botella de Fariña Primero y nos deleitamos con unos mejillones naturales, de una calidad increible, unos bocartes con un punto impresionante y casi vivos, y un magano recién salido de la bahía. Esta es una de las señas de identidad de este restaurante, la calidad de producto y a ser posible la mínima manipulación. Juan tiene previsto añadir un primer piso dedicado a un aula para dar cursos de cata y organizar catas, actividades que realiza desde hace años gracias a sus conocimientos de sumillería, función que desempeña en sala donde cuenta con la ayuda de su hermana Dolores y de Viviana Rengifo. Pero esta no es la única función que realiza Juan en el establecimiento, también cocina y marca las pautas de los platos a elaborar para que luego sea el equipo de cocina el que los ejecute. Su mujer, Asunción Márquez, se encarga de la coordinación de este espacio. De todas formas, aunque hay unos puestos teóricamente definidos, “cocina y sala son un trabajo en equipo”, todos hacen de todo, incluida la venta de helados y golosinas. En lo concerniente al apartado gastronómico, el restaurante Melly ofrece cocina cántabra, síntesis de la cocina tradicional buscando el equilibrio entre productos y recetas de siempre, guisos y arroces. Se plasma en platos como el boquerón en vinagre con mermelada de naranja amarga, los bocartes a la sartén, los callos de bacalao, las manos de ministro en salsa de callos, el bonito crudo, el arroz con amayuelas (almejas), la lengua, los caracoles a la montañesa y los huevos fritos con patatas, tacos de jamón ibérico de bellota, pimientos de Isla asados a la leña, salmorejo y un amplio etcétera dependiendo de la temporada. Aparte de estas propuestas, también se puede optar por degustar sus pinchos que ejecuta de forma magistral. En cuanto a la carta de vinos, hay presencia de referencias de las denominaciones más destacadas del España y extranjeras.
Juan es escritor, poeta para más señas, con una obra ya bastante amplia y reconocida. Pero además es un cocinero creativo e innovador, que ha ganado ya varios premios, como el de la Quincena de Pinchos de Santander o el Concurso Nacional en Valladolid, compitiendo siempre con creaciones arriesgadas e innovadoras, como el “Carrusel” del año 2007. O puede sorprender a todos con un pincho todavía si cabe mas transgresor, una autentica perfomance: “El pincho sin sabor” .
Agua, el pincho sin sabor fue quizá el pincho que más atención acaparó a pesar de que no entraba en el IV Concurso Nacional de Pinchos y Tapas Ciudad de Valladolid. En el vídeo podeis ver, para haceros una idea, como se agolpaban las cámaras de televisión para proporcionar en primicia y en primera plana la demostración de su elaboración. Agua, el pincho sin sabor es el resultado del trabajo de Juan Angulo, quería hacer un homenaje a la vida, y el agua es vida, elemento básico que precisamente ese año fue la estrella en la Expo de Zaragoza. Es el año del agua. Juan Angulo brinda tributo al agua y la presenta en distintas texturas, espuma de agua, gel de agua, hielo picado, agua con gas y simplemente agua. Para demostrar que el agua es vida, aunque todos ya lo sabemos, en la copa de agua “vivía un pez”. Esta idea surge además con la intención de que los clientes que visiten su establecimiento y quieran degustar el pincho sin sabor por 1’50 euros se sienta compensado, aunque facilmente en muchos sitios cobran ese dinero por un simple botellín de agua, la gracia está en que los niños seguramente estarán encantados de llevárselo a casa. Juan argumentó también que su pincho daba la posibilidad de conocer las distintas texturas que puede apreciar nuestro paladar. Es muy probable que muchos de vosotros hayais visto un pequeño reportaje en las noticias, todas las televisiones estaban allí para recoger dicha presentación.
El domingo nos acercamos a comer, un menú especial o traducido al castellano: lo que Melly disponga. De entrada nos sorprendió con un vino Godello Montenovo que nos acompañó fabulosamente durante toda la comida, un blanco de Valdeorras (este va por ti Paco, que sabemos que lo estas leyendo y con ganas de venir del destierro), amarillo pajizo con reflejos verdosos, muy limpio de color, con predominio de aromas florales, hierba verde fresca, untuoso con acidez justa y perfecto equilibrio. Comenzamos con una bienvenida consistente en puding de cabracho que como muy bien nos indicó no es de cabracho, existe la tradición en estas tierras de llamar puding de cabracho a todos lo puding de pescado, no se el porqué, calculo que por el color. Muy bueno, era de merluza y langostinos. Seguimos con los típicos mejillones de la bahía, o yo por lo menos yo los llamo así debido a la salsa. Esa salsa tan característica y un poco picante, también muy buenos y especiales. El buen mejillón no ha ser muy grande, pero el cuerpo ha de rellenar al máximo el caparazón, y estos cumplían perfectamente con el canon. La salsa magnífica, además te lo sirven con un pan recién hormedado que te pide a gritos el navegar por esas exquisitas salsas. Y dos tazas de legumbres, una de garbanzos con bacalao y espinacas (comida típica de cuaresma) que a mí me encantaron, es más me dejaban un sabor como a marisco. Y una taza de alubias guisadas con su chorizo y tocino, un alubia blanca fina nada pellejosa y de muy buen sabor. A continuación una de las maravilas agrícolas de nuestra comunidad: pimientos de Isla, algo sin igual en la huerta española, carnosos, sabrosos, riquísimos, y que no necesitan de ningun acompañamiento para ser disfrutados. Así todo nos sirvieron a la vez unos bocartes rebozados muy ricos y que combinan de forma genial con los pimientos asados. Y seguimos con otro espectacular plato y muy dificil de encontrar de esta calidad: pimientos rellenos. De entrada los pimientos son verdes y es algo a tener en cuenta y que marca una gran diferencia; rellenos de bacalao, el relleno impresionante, fuerte sabor a brandada y con trozos, nada de "hecho puré", una auténtica delicia, y la salsa magnífica, algo que cualquiera que pase por aqui no debe perderse. Teta de novicia. Seguimos con unos caracoles a la montañesa. Receta de la abuela Remedios, la salsa buenísima, al caracol creo que le faltaba algo de reposo y un poco menos de nuez moscada, pero no quedó ni uno, y se hicieron unos cuantos barcos, los primeros caracoles de este invierno. Melly prepara para el dia 1 de Diciembre unas jornadas de caracoles a la montañesa y Fariña, un evento al que no se debe faltar. Y por último, para terminar con la cuchara y el tenedor, una croquetas de boletus, impregnadas de sabor al hongo y con una bechamel de lo más fina. Exquisitas. Para terminar un postre típico de Cantabria, una torrija, la primera de este invierno, un fin de comida perfecto. Y como último bebedizo, un te del puerto, un perfecto fin para esta copiosa velada. En resumen el lugar es de lo más recomendable. En esta época no tan lleno como en verano, pero es recomendable llamar para reservar, pues puedes encontrarte sorpresas. Dependiendo del mercado y la estación habrá disponibilidad de unos u otros platos, pero de cualquier manera siempre va a haber algo buenisimo que llevarse a la boca, el trato inmejorable y el precio muy bueno. Vamos a ser asiduos.
Peñas Blancas 5 39140 Somo 942510641 mellygaviota@hotmail.com |
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Gracias por el apunte Mule!!!